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Vapor


Dueños de la tierra,
esclavos de los hombres.

           Hay un punto, una línea divisoria imperceptible para los que sólo usan los ojos para ver, o para los que sólo miran. No es despectivo, es preciso y particular.
           Hay más allá, más allá de donde alcanzan las yemas de tus dedos. Siempre lo hay, siempre un nodo de afluencia, siempre un todo.
           Y siempre nada
           Qué puedo decir, no se puede explicar si no lo conoces. Como el sol de la primavera o el olor a tierra mojada.
           O como el sabor a los labios de ella.
           Como el humo.
           Joder, como si todo fuera humo. Tan incontrolable y vaporoso como el maldito humo.
           Raro es si algo es sólo para hoy, pero difícilmente durará hasta mañana.
           Es una ley no escrita, como todas las que suelen cumplirse.
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Amebas: Human evolution

Amebas: human evolution

El ejercicio de vivir discurre por una inmensa gama de matices
que oscila entre dos extremos: el de levitar en las nubes
y el de enterrarse en el íntimo y particular terruño
que forma parte de las esencias de cada uno.
Joaquín Lorente


Ya hace un tiempo que me vengo dando cuenta, y quizás empezó la cuenta al leer a Lorente, que pasados los hitos de la vida costumbrista a la que el hombre moderno se acostumbra ya desde antaño, se convierte uno en una ameba enajenada, malhumorada y enganchada a la televisión.
                Para mí que nos han educado así, y por aquello de no saber con qué soñar, va el materialismo y triunfa.
Porque es la última esperanza.
                Aunque no estoy muy seguro de si el materialismo nos quitó la esperanza para quedarse él, o si surgió como una necesidad. Pero el caso es que lleva tanto tiempo con nosotros como el tiempo mismo que nosotros llevamos aquí. Sea como sea, llega un momento que es lo único que nos llena. El alimento de las amebas.
                Es la historia de siempre.
                Nace.
                No preguntes y obedece.
                Nace. Crece. Estudia. Emborráchate. Quéjate y rebélate. Decide qué te gusta y busca un trabajo. Encuentra un trabajo.
                Asume que has madurado –JA!- y cásate.
                Ten hijos, y conviértelos en el centro de tu vida.
                Ya sólo queda prepararte para odiarte a ti mismo.
                Es así.
                A la gente de a pie se le olvida que va a seguir viviendo hasta el mismo instante en que se muera.  Se le olvida, y se limitan a existir. La ameba ya no tiene nada pendiente, y no tener nada pendiente es la diferencia entre una cosa y la otra. Y el futuro, siendo en sí la definición de lo que nos queda por vivir, si no lo llenas con alguna clase de propósito, o designio, o plan, o periplo; con un norte, o un anhelo, o una meta, o un ánimo de resolución o, en definitiva, cualquier tipo de aspiración u objetivo, estás tan vivo como un erizo de mar.
                Es así señores. La vida de la tranquilidad es mentira. Al menos así lo es si te has criado donde seguramente te has criado si estás leyendo esto.
                Nacemos en el ojo de un huracán de contradicciones y falsedades, en una cuna de jeringuillas infectadas de consumismo y cobardía. La cultura occidental está podrida, intoxicándonos desde antes incluso de tener conciencia.
                Que nos han hecho creer que somos libres. ¡Libres! Lo que somos es un puñado de ciegos.
                Así que cuando al hombre occidental se le acaba la época de buena salud y pocas responsabilidades dice que entra en crisis de edad. Fases de involución es lo que son. Pasos hacia la transformación en el elemento universal nuetro: la ameba. Minúsculas ruedas dentadas que poco de su rumbo pueden cambiar en el gigantesco sistema que -supuestamente- hemos creado. Poco a poco, olvidamos que estamos vivos, y nos marchitamos.

                Y así, el futuro se convierte en una trágica sucesión de días que, seguramente, serán más bien malos que buenos. Y resulta que se da la casualidad de que, cuanto más jodido estás, más te sale joder a los demás.
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Nada es ni tanto, ni tan poco


Apúntame con un arma y dime que estoy muerto.
Dame la vida quitándomela.

            Me equivoqué de medio a medio al creer en un mundo lineal. Aunque siempre hay dos extremos, ambos se unen en el infinito.
            Como dos beodos rodeando una farola.
            Con extemporánea y profunda abnegación se soslaya que carece de importancia el allá de donde vengas, siempre y cuando de allí te hayas marchado.
            Y no se trata de lugares, señores, si no de razones, pensamientos y pasiones.
            Puedes desmontarlo todo y mostrarlo tal como es, o aderezarlo con la magia de la fe. Pero es bien sabido, aunque poco digerido, que tiempo que dedicas a tirar de aquello que hay atrás es tiempo que regalas al pasado.
            Pues al final todo cambia; nada se queda.
            Y el presente es el testigo, en cuyo seno se cosecha al tiempo que se siembra, más por casualidad que por las causas.
            Desde un principio hasta el fin, nada es ni tanto ni es tan poco, como ni tan limitado es lo superficial ni tan infinita la promesa de lo que espera mas allá.



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Si un escritor se enamora de ti, nunca morirás.
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El día que una chica me pidió que la olvidara y no lo conseguí



Me inunda tu olor, intenso,
en las gotas de lluvia al amanecer.

Casi me estallan las meninges el día que una chica me pidió que la olvidara. Quizás lo dijo en serio, quizá en broma. O puede que ninguna de ambas y lo dijera por decir, como cuando dices frases hechas que ya ni piensas. En cualquier caso, yo cerré los ojos y me concentré. Podría haber meditado acerca del devenir del ser, de lo que dijo Zaratustra o de por qué la tele pública sigue teniendo audiencia, y aún así me hubieran dolido menos las sinapsis. Decidido a no pensar más en ella, no me la quité de la cabeza.
Igual que cuando te dicen que no mires, y vas y miras.
Volví a ella como un niño con un suspenso. Y ahí quedo la cosa, aunque no por mucho tiempo. Como buen hombre que soy, inestable y pecador, se me encomendó de nuevo tal ardua tarea, y ni tres segundos tardé en volver a desistir. Prometo que lo intenté, como intentas volar agitando los brazos de pequeño, y decides que no se puede. Tonto me parecí al darme cuenta de que no hay hombre más feliz que aquel con memoria selectiva, y lo bueno tiende a ser siempre recordado. 

Capítulo 3



EL CLAN DE LAS MARIPOSAS pt.1

Soy consciente de lo que he hecho
porque no soy consciente de lo que he visto.

La luz ya existía mucho antes que todas esas leyendas sobre ella, mucho antes de ser la salvación y la esperanza, antes incluso de ser fuente de vida. Pero la luz no es más una onda electromagnética que se propaga en línea recta en todas las direcciones que su foco le permite, perturbando las moléculas del medio a su paso. Cada partícula excitada se convierte en un nuevo foco emisor, y así lo que por un instante nació independiente y todopoderoso, se vuelve por necesidad contaminante de su entorno. Somos el reflejo del origen de nuestra vida, un punto que una vez fue perturbado y no ha dejado de moverse; un ejemplo, parte de un todo.
                   
Si una mariposa aletea sus alas en algún lugar de la superficie terrestre, puede provocar en el otro extremo, diámetro de por medio, que se forme un huracán. O puede que no, como también puede provocarlo el estallido de mil volcanes en Indonesia. La magnitud de un hecho no determina su relevancia, no siempre, y he aquí un principio a por qué nunca se busca explicación en los hechos más insignificantes. Pero todo está conectado.
               
Si se mira lo suficientemente cerca, el universo no es más que un puñado de partículas. Partículas que conviven y reaccionan entre sí constantemente, cambiando vidas con cada contracción y expasión, que se repelen tanto como se atraen y que nunca dejan de estar ahí. Empezaron a interactuar un día, y sus primeras reacciones afectaron a todas las que vendrían después, crearon un marco histórico predefinido. Es puro determinismo.
                           
Cuando asientas las bases de lo fundamental, y construyes ideas sobre cimientos lógicos e imparciales -aunque no por ello menos relativos-, hablar del destino no resulta tan absurdo. Pero no de un sino profetizado ni de providencia divina; el destino es físico y matemático, el destino es el listado de todas y cada una de las interacciones de partículas que, como no podía ser de otro modo, nos trajeron a este preciso momento. Pero, ¿somos esclavos del marco universal del segundo anterior al segundo que vivimos?

La luz es reflejada por los objetos, en mayor o menor medida, y llega a nuestros ojos, que envían la información mediante corrientes neuronales que recorren el cerebro junto a otros impulsos eléctricos. Cuando piensas, las partículas que conforman tu cerebro emiten frecuencias que se transmiten a lo largo y ancho del universo. Frecuencias insignificantes, despreciables, gotas de agua en el océano. 
               
Nada de esto sirve ni tiene utilidad, hasta que, de repente, le da sentido a todo.

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Ensayo sobre Marvin Robinson


¡Hey! ¿Qué tal? ¿Veis a éste? Sí, de ojos marrones y pelo negro como el carbón. No es muy alto, lo sé, pero no podemos decir que sea un chico bajito. Tiene una estatura media en una población medianamente alta. Sabéis a quién me refiero, ¿no? Os presento a Marvin Robinson, un ser humano de lo más normal. Come tres veces al día, duerme una media de ocho horas y le gusta pasar tiempo con sus amigos. Bebe alcohol, pero no es alcohólico; a veces fuma, pero ni de lejos es fumador. A Marvin Robinson le gustan los días tristes, apagados; también le relajan los días lluviosos. Sin embargo, lo que Marvin prefiere es abrir la ventana e inspirar aire cálido; mirar allá afuera y disfrutar del vivo color del sol.
En definitiva, Marvin Robinson es un chico muy típico, pero no de esos chicos típicos sin nada interesante que contar. No, por supuesto que no. Marvin Robinson, si tuviera la ocasión, te podría contar muchas historias, compartir contigo sus opiniones. No tiene un gran don para la narración, pero no te aburrirías escuchándole. Y si, en efecto, cogiera el bueno de Marvin algo de confianza contigo, de seguro te diría que tiene ahora mismo un problema. Bueno, no es exactamente un problema, me corregiría cargado de optimismo. Es más bien una duda que no consigo resolver. Una duda podría ser un problema, pero como en todo, hay una segunda manera de enfocar la situación, y nuestro protagonista casi se aventuraría a decir que una duda sin fácil respuesta es más bien un reto a superar. No obstante, no en todos los casos el optimismo es buen consejero, y quizá esta cuestión no sea tan simple como una simple duda es, y es que nuestro nuevo y prudente amigo Marvin sospecha, aunque no puede asegurar, que está muerto.
Marvin Robinson tiene 21 años.
Marvin Robinson está en la flor de la vida. O, al menos,  lo estaba.
Una desgracia ésta que nos acontece. Un joven que se desvive por saber si sigue vivo, o si por el contrario no lo está. Una gran tristeza, desde luego. Aunque como es bien sabido, es a veces mejor la muerte que cierta desdicha, no es el caso en el que nos encontramos. No lo es porque Marvin Robinson es –o era- un chico feliz, si es que es lícito hablar de un concepto tan abstracto como es la felicidad, que tantas veces se emplea sin razón, y que poco a poco va perdiendo su gran y maravilloso significado verdadero. Marvin Robinson, como iba diciendo, era un chico feliz, estudioso, con amistades de verdad que habían ido creciendo a la vez que había ido creciendo él, tan maduras como maduro lo era él. Un chico aplicado, que nunca dejaba para mañana lo que la salud le permitiera hacer hoy.
Vivo, lleno de energía.
Ironías de la vida, aquí nos tenemos, Marvin y nosotros, nosotros y Marvin, todos igual de impotentes. Señor Robinson, que podría haber sido, de pie con la espalda recta como bien le había enseñado su madre desde pequeño, asustado y paralizado, mirando con intriga su propio cuerpo sin vida tendido en un ataúd abierto. Marvin se pregunta por qué, por qué a él, pero no durante mucho tiempo. El primogénito de la familia, hijo de Benjamin Robinson y Elisabeth Dain, no es de esa clase de personas que cuando tiene un problema malgasta energías maldiciendo su suerte. Ahora, un pensamiento fugaz, que ya había empezado a rondar por su cabeza, le domina por completo; una idea difícil de evitar. Pero, ¿cuántos de nosotros seríamos capaces de obviar el hecho de que quizás seamos algo así como un espíritu o un fantasma? ¡Ah! Si ya la vida no es fácil, imaginémonos la muerte. Marvin quiere llorar, quiere gritar. Quiere correr por la iglesia en la que se encuentra y zarandear uno tras otro a todos los presentes. Quiere demostrar que él sigue ahí. Pero sabe que sería inútil. Marvin Robinson es un chico práctico. 
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Nada



Si vives corriendo morirás cansado,
si te quedas parado no sabrás lo que es vivir. 

Nada es lo que somos porque nada es lo que podemos conseguir. De la nada vinimos, donde nada sabíamos, donde nada sabremos después. Somos el rocío de la mañana, somos hoja caduca, somos nieve y somos el sol que la derrite. De materia que nada vale estamos hechos, de vida que muere alimentamos la nuestra. Nada hemos hecho para estar aquí, nada que lo mereciera, porque nada necesitábamos merecer. Nada pedimos, nada nos dieron a elegir, nada valía nuestra opinión.
Y cuando llegue la calma, la luz y después la oscuridad, aún creeremos que todo pudimos ser, hacer y tener. Pero es la nada quien nos trajo, y la nada quien nos llevará.


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Convénzame, señor del banco



De púrpura y gris es el alma del bandido
resignado a solitario bajo la cara de hombre honrado. 

-¡Por eso –me dice, y se interrumpe a sí mismo metiéndose un puñado de patatas fritas en la boca con el tenedor- ponemos tanto interés en la confidencialidad!
                Y me apunta con el rechoncho dedo índice de su rechoncha mano izquierda como si juntos hubiésemos deducido algo tan definitivo y de tamaña y vital importancia. Y así se queda. Me mira fijamente durante un tiempo que me parece interminable. Ha llegado el momento de mi gran aportación a la conversación. Todos lo están esperando. El público está expectante. Demuéstranos que tienes pelotas, chico.
                -¡Sí! La privacidad es esencial.
                Y todo el mundo se entera de que tenga o no pelotas, no me sirven para nada. Por eso esta clase de cenas son sólo de dos personas.
                McCallahan vuelve a su plato y a su copa, satisfecho.
                -Me gusta que pienses así.
                Le he dado carta blanca y vuelve a la carga.
                -¡Imagínate!
                Un trozo de ternera de dos centímetros de grosor se pierde en el abismo que es su boca.
                -¡Una empresa sin política de privacidad!
                Palabras y mordiscos conviven entre sí. Me siento como en casa. Ese es el gancho.
                -¡Qué digo una empresa!  ¡No hablamos de cualquier institución! ¡Imagínate!
Otro pedazo de vaca muerta, desangrada, refrigerada,  despiezada, procesada y después frita viaja hasta la trituradora McCallahan.
                -Imagínate un banco que no invierta el máximo esfuerzo posible en preservar la intimidad de las cuentas de sus clientes. Es algo lógico y natural.
                Yo también como. Es lo que se hace en estos casos.
                Hace dos semanas yo estaba haciendo cola para comprar un boleto de lotería.
                -Si los clientes temen por su privacidad fiscal, dejan de sentirse tranquilos. La ecuanimidad astral de nuestros clientes es nuestra prioridad. No podía ser de otro modo, mi joven amigo.
                Su voz se eleva unas veces, y otras se atenúa, como si dieras un paseo turístico en una montaña rusa. Cuando acaba, tienes la cabeza embotada, y no sabes si te ha convencido la cantidad de perspectivas que has tenido o si ha sido el mareo. Es un discurso que parece dictarle un guión a quien escucha.
                Ahora asientes.
                Ahora dudas.
                Ahora un poco más de ensalada.
                Y ahora me firmas aquí, aquí y aquí.
                -Si un cliente no está tranquilo, no es feliz. ¡Y entonces nosotros tampoco somos felices!
                Si existe un Cupido para las convicciones comerciales, ahora mismo una flecha suya está atravesando mi corazón. Hace cinco minutos esta conversación trataba sobre la televisión pública. Hace cinco minutos esta conversación era una conversación.
                Retiro un poco mi plato y me recuesto en la silla en señal de agrado.
-No puedo más –digo. Por decir algo.
                -Te entiendo. Este no es de esa clase de sitios donde tu dinero sólo vale un par de gambas secas salpicadas con alguna estrambótica salsa en la mitad de un gran plato de diseño. Tienes que saber elegir, chico. ¡Qué no te sepa a poco! Es tu dinero.
                Ahora toca aplaudir.
                Sé que todo lo ha preparado y ensayado, pero adoro a este tío.            
-Es el mejor entrecot que he probado nunca –le digo. Quiero parecer complacido. Lo cierto es que es el mejor entrecot que he probado nunca.
                -Es hora de que pruebes lo que es realmente bueno. Lo que te conviene. Y, siempre, lo que tú quieras y del modo en que lo quieras. Verás, cuando yo era joven no sabía cómo de importante era la discreción en la vida, hasta que alguien mayor y más experto que yo me contó una historia que me ayudó.
Mentira.
-Los primeros banqueros –y las últimas patatas fritas ya están en su boca- fueron en realidad los prestamistas. Hombres que prestaban parte de su dinero a cambio de recibirlo de vuelta en cierto tiempo con un porcentaje de ventaja.
Tampoco quedan restos del filete. Ni del vino.
-Si el cliente no lo devolvía, el prestamista mandaba a un matón para reclamar cualquier cosa de valor que saldara su deuda. Joyas, animales, e incluso comida. He leído mucho acerca de esto.
Mentira.
-El caso es que algunos matones se dieron cuenta de que sólo tenían que consultar las hojas de deudas de su jefe, y hacerles una visitilla –procura poner énfasis en este momento para que no se me escape que él se refiere a robar- a los deudores poco antes de la fecha de devolución del préstamo, dejando al endeudado sin recursos, y yendo a por él después cuando el prestamista quisiera su dinero.
Trato de encontrarle alguna utilidad a la historia mientras un camarero recoge  los platos de la mesa. Estoy totalmente hipnotizado por las palabras de un hombre que vive de cuan vivas resulten sus palabras. McCallahan no ha perdido el tiempo y ya está observando detenidamente la carta de postres.
Abre la boca y sólo dice:
-¡Imagínate!
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Espalda de mujer



Hilos de plata reflejados en su piel
como briznas de hierba erizadas por la brisa.

             Yaces disperso entre almohadones y sábanas de flores estampadas. Se pierden tus ojos siguiendo las líneas del techo y se disipan tus ideas entre anhelos y recuerdos. Ahí es cuando, casi vencido por el sueño, giras la cabeza a un lado y un oculto magnetismo te atrae hacia parajes más cálidos. Tienes ante ti una llanura de suaves y electrizantes curvas que tus manos nunca se cansarán de acariciar, como un valle de maravillas que ennoblece el silencio de la habitación. Espalda de mujer, perfecta figura.
            Como por corrientes marinas a kilómetros de profundidad, entre labios y manos inquietas te perdiste sin pararte a contemplar. Ahora los tenues grises que atraviesan la ventana bailan de la mano de tus dedos, que resbalan por colinas desnudas de belleza infinita, praderas tupidas de apariencia tranquila y descansada emoción. No hay otros caminos que quisieras recorrer, no hay mejores paisajes.
           Yo me quedé prendado de una espalda, atado a sus surcos y a su tacto de seda, encadenado a un recuerdo que no se va, a un olor que no se irá, a un color de dorado atardecer, de rojizos destellos sobre labios de carmín. Me quedé cegado como aquel que miró al sol fijamente, y obcecado, no quiso dejar de mirar.
               
                
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El monstruo que vive en tu mesilla


Cuando se cierra el telón de los hombres,
los dioses abren el suyo.

Existe un instante, un primer momento, en que no sabes ni dónde estás ni que estás haciendo allí. La oscuridad abre un abanico de posibilidades a tu alrededor, pero nada hay bajo tu control.
Todo empieza con algo parecido a un alarido, la exclamación del horror mismo, un sonido familiarmente aterrador. Las sombras a las que pertenecías se vuelven en tu contra, y una poderosa intranquilidad se adueña de ti. Sientes un irremediable impulso de acabar con ello, de hacerlo callar y devolverlo al averno del que haya venido, evitar que se filtre por cada poro de tu piel y te domine. Lo intentas, pero no puedes. Finges indiferencia, creas la esperanza de que ese susurro martilleante no viene en tu busca. Pero dice tu nombre, aunque no puede pronunciarlo, está cantándolo estrepitosamente. Tú te armas de valor, lo enfrentas, y se desvanece.
Así funciona el juego.
Aún desconcertado, crees que no ha ocurrido. O ni siquiera te lo planteas. Tus músculos se relajan y todo vuelve a su estado de calma. Pierdes la noción del tiempo, inmerso en ti mismo, hasta que aquello regresa de las tinieblas. Una voz terrorífica que te llama desde lo más profundo del pozo de tu subconsciente. La despiadada garra de la maldad, que te arranca de la realidad que estás viviendo, recorriendo tu espina dorsal con irritantes impulsos eléctricos. Es la hora. Vuelve la lucidez a tus instintos, eres por un instante consciente, y te rebelas hasta que el sonido cesa de nuevo. Erguido pero sin fuerzas luchas fútilmente contra la amarga sensación que te embarga.
Y caes.
Caes porque no supiste reconocer quién estaba de tu lado y quién no.
La bestia te domina y absorbe tu voluntad, que se deshace en el ácido mortal de sus tripas. Tu cuerpo se enreda entre sus tentadoras y sibilantes fibras. Todo el universo está en constante movimiento, todo pasa, todo se va. Por fin lo entiendes.
Pero no te importa. 
Estas cayendo, perdiéndote a ti mismo. Poco a poco aceptas la rendición. Flotas en un abismo infinito donde todo es posible porque nada es verdad. Y estás bien. Sonreirías si pudieras, y si la luna llena no trajera consigo esos aullidos, una y otra vez. El mismo llanto, la misma súplica, el mismo espanto. Te creíste libre y de nuevo estás preso. La bestia no se detiene, no consiente la debilidad. Tu cuerpo se tensa, y desde un rincón perdido de tu consciencia surge una luz, una visión, una respuesta. Es la hora. El lamento arrebatador se detiene y por fin sabes por qué.

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Capítulo 2


EL REINO DE LAS GALAXIAS

Estamos lejos de la orilla, en el desconocido océano cósmico,
esparcidos como espuma en las olas del espacio.

Ver imagen original
Proyección tridimensional de un cubo
de cuatro dimensiones
Después del concepto de deidad, lo más grande que puede plantearse la mente humana es el universo, configurado -como mínimo- en tres dimensiones espaciales y una cuarta temporal. Si tratar de asimilar ésta última ya resulta un quebradero de cabeza para nuestro intelecto, aceptar que pueda haber otras tantas dimensiones –o grados de libertad*- supone un reto no menos que absurdo. Esto nos lleva unívocamente al hecho de que toda teoría o conocimiento que desarrollemos serán relativos, basados en unos falsos ejes que nos sirvan de guía.
Partiendo de esta premisa, podemos definir el universo como una laguna cósmica que alberga en su interior cientos de miles de millones de islas de estrellas, una gran tempestad de entes luminosos, gas y polvo. A nuestro entender, la vida ha comenzado a desarrollarse a una edad madura del universo, en la que sus palpitaciones se han atenuado y se dispersan a lo largo de la inmensidad de la materia oscura. Edad madura, claro, respecto a su origen, no a la indefinida eternidad que se presenta por delante.
Dispersas por esta masa cósmica, orbitan alrededor de su eje incontables grupos globulares de hornos nucleares llamados galaxias, que son como enjambres de abejas unidas por la gravedad. La vía láctea, hogar propiamente dicho del ser humano, es un torbellino que arrastra doscientas mil millones de estrellas en su interior, que oscilan en formación lenticular, en cuyo centro se encuentra un disco plano de 2.000 millones de años luz* de diámetro, que constituye la mayoría de la masa de la galaxia.
Nuestro agujero negro particular.
          La Vía Láctea, tras siglos de estudios y observación, se puede definir como una galaxia en espiral que rota como la rueda cósmica de un reloj luminiscente. Hablamos de unos 100.000 años luz de una punta a otra.
Es importante al menos arañar la superficie de las proporciones de aquello que nos rodea más allá de nuestro planeta, pues el hombre ya en su día atentó, quizás necesariamente, contra el propio razonamiento, acomodándose como epicentro de la existencia, haciendo suyo el medio y siendo suyo el protagonismo. Hubo un día en el que el primer humanista afirmó que el hombre era perfecto y maravilloso, y contaminó con ello el agua de los ríos de la lógica de los que muchas generaciones beberían.
El hombre no es el centro, ni lo es nuestro planeta, ni posee la exclusividad en raciocinio y sociedad. Es sólo que, apresados en una cárcel tridimensional, observamos el firmamento desde nuestro pequeño lago de estrellas y, por no ver, creemos que no existe.
La Vía Láctea y nuestro sistema solar

ANEXO:

*El año luz es una medida de longitud, y no de tiempo. Se denomina así ya que, en un año, la luz recorre aproximadamente unos 10 billones de kilómetros. Es decir, un año luz equivale a 1.000.000.000 km. Cabe recordar que el radio de La Tierra es de 6.400 km.

*Los grados de libertad, o dimensiones, han sido y son los pilares de muchas de las hipótesis más revolucionarias de la física, como la curvatura del universo y la teoría de cuerdas. Carl Sagan dedicó muchos esfuerzos en intentar proyectar en las mentes no iniciadas el abismo de percepción que existe entre dimensiones. Aquí uno de sus más populares vídeos, en el que partiendo de dos dimensiones, aclara como podemos atisbar la existencia de una cuarta.

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A Dios lo inventó una madre



"Lo único relevante en cuanto a Dios es que exista,
porque si no es así, ¿a quién le importa?"


Hoy es un día tonto, lo ha sido desde el desayuno. Uno de esos días en los que cualquier pensamiento te absorbe mientras te empanas con los posos espesos y granulados del café. Creó que incluso dejé de oír los crujidos del segundero del reloj de Pepsi que hay colgado en la pared. Me ha dado por pensar en el destino, entre otras muchas gilipolleces. Como seguidor acérrimo del determinismo más puro, no puedo decir que no exista, aunque la idea se me antoja un poco ridícula.
Es fácil suponer que he acabado con Dios en la cabeza, pero reconozco que antes estuve un buen rato distraído con los surcos que había dejado con el cuchillo sobre la mantequilla. Hace años que mantengo una indiferencia formal en cuanto a la existencia de una deidad, porque como buen católico de fe que fui criado, ya no consigo tragarme todas las utópicas teorías de amor supremo y eternidad de los creyentes. Pero esta mañana, como rémoras fantasmales, se han ido colando en mi cabeza una serie de ridículas contradicciones de esas que te cuentan cuando eres niño. Ya sabéis, como que Dios te ama y por eso te putea.
Si te pega es porque te quiere.
Resulta que somos afortunados de contar con el libre albedrío -alabado sea el Señor-, un contrato que se firmó en el caribe por Adán y Eva mucho antes de que naciésemos. Pero hay trampa, señores míos, porque todo lo que hagamos está ya planeado. Es decir, que para compensar el "yo soy yo y mis circunstancias", va a ser que todo estaba preparado.
Tenemos la misma suerte que un personaje de videojuego.
Sé que llegar a este punto es sencillo, pero yo he necesitado hacer de nuevo café. Me he dado cuenta de que si te lo sirves cuando aún la cafetera exhala un chorro de vapor, sale a borbotones.
La cosa es que, aunque te cuenten que hagas lo que hagas, ya esta hecho antes de hacerlo, si la cagas, pagas. Es algo así como apostar en una carrera amañada por el corredor de apuestas. Lo gracioso es que cuando era pequeño, mi madre me dejaba montar sin manos en la bici y, cuando me caía, me llovían un par de ostias y oía "Sabía yo que esto iba a pasar".
Mi madre no inventó a Dios, no tiene tanta imaginación. Pero alguna tuvo que hacerlo, antes no había tele.

Personas de agua y papel


Cuanto más te involucras en aquello que haces,
más te duele al caer.
               
                Hoy quiero empezar por el principio de una relación, remoto e inubicable. Uno nunca se da cuenta de que empieza a andar hasta que no está andando, y así una mañana te levantas dándole vueltas en tu cabeza a lo rápido que sucede todo. Al principio basta con una mirada, luego cuatro palabras tontas y aparece la primera sonrisa de la historia. Te lanzas a la piscina casi sin ser consciente de ello, y si tienes una vida como la mía, es probable que en la piscina haya pirañas.
                Es como meterse en arenas movedizas, sabes que te hundes de todos modos, pero cuanto más de ti pones en salir, más te tragan.
 Mi teoría es que hay dos clases de personas, activos y pasivos. Los primeros no pueden estarse quietos, y se revuelven cuanto pueden cuando ven como una oportunidad simplemente se va. Así que actúan, muchas veces sin haber pensado siquiera en qué es lo que van a hacer.
 Los pasivos, au contraire, tienen la innata habilidad de aceptar lo que ellos llaman destino. Algo así como “si tiene que ser, será”. Se mimetizan con el maldito azar, y no les va tan mal. Se meterían dentro de una botella y se lanzarían al océano, a ver por dónde les llevan las olas. Pero muchos no lo saben. O no lo aceptan.
             La actitud pasiva te mece por la vida y te transporta a través de las casualidades y las consecuencias. Puedes ser emperador o soldado, pero nunca dejará de resultar una forma de vida envidiable. Una persona puede sentarse y ver como todo sucede, y ser capaz de hacer frente a situaciones que nunca hubiera deseado.
                Nosotros, los activos, no soportamos eso. Así que cuando conoces a una chica que te deja con la boca abierta, nadas en dirección contraria aunque nadie lo entienda, aunque te vean como un estúpido y aunque, en realidad, sea así como te sientas. Nunca nos relajamos, nunca dejamos de darle vueltas y nunca estamos a gusto. Siempre hay una zanahoria delante de nuestras narices que nos hace correr. Todo resulta complicado y requiere mucha implicación.
No sabemos ir paso a paso.
Los activos siempre tenemos miedo, porque de tantas vueltas que le damos, sólo vemos lo que puede arruinar nuestro momento, en vez de disfrutarlo y dejarlo fluir.
Personalmente, creo que jamás podré ver la diferencia entre rendirse y dejarlo marchar. No es fácil para nosotros entenderla, porque no paramos hasta que algo está realmente acabado.
Esa insistencia es la que nos pierde.
Cuando has de actuar en un momento crítico, tienes que ser creativo y brillante, y no poner demasiado peso sobre la cuerda en la que te balanceas. Yo me subo encima la cuerda, la cargo de todo lo que tengo, y pego saltos a ver si aguanta.
Pero lo que de verdad te hace una persona activa no es el hecho de sentir prisa o tener miedo. Todos estamos rodeados de situaciones que nos aterrorizan, donde las que más asustan suelen ser las que menos lo parecen, y todos tenemos prisa por que acaben. Lo que te hace activo es que, cuando reconoces que algo es bueno, no puedes relajarte si sabes que existe una mínima posibilidad de que se te escurra de las manos.
Los activos sólo necesitamos un empujón para empezar a rodar.
Y así, tropiezas cientos de veces con cientos de agujeros en el mismo tramo del camino. Todos infinitamente parecidos, pero distintos. De ese modo es como los activos aprendemos, cayendo.
Es como un niño que no temerá a un radiador hasta que se queme. O como hundirte en arenas movedizas. Siempre te queda la esperanza de que si lo das todo de ti, saldrás de ahí, y hasta que no tienes la arena al cuello no te planteas relajarte y dejarte llevar.

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Mercedes Peón

ENTREVISTA A MERCEDES PEÓN
(Para Kampussia, Febrero 2013)

Una mujer no nace,
se convierte.

P-   Empezamos por SÓS, que es lo último que tenemos de ti, y lo que se podría decir que más se ha hecho oír ¿no?

R-  El primer disco ISUÉ tuvo un recorrido muy parecido, entró en las listas de World Music Charts, me hizo ser conocida en los circuitos internacionales, nominación mejor artistas junto a Manu Chao en el 2001 por las radios europeas. Lo mas gracioso es que yo en esa época no sabía ni que existían esos reconocimientos y pasaron sin pena ni gloria a mi alrededor, tanto personal, por inconsciente como mediático. ISUÉ fue disco recomendado por la revista de mas tirada Folk Roots portada.

SÓS ha sido un disco también muy celebrado y estoy muy contenta por ello.

P-   Este último disco, además, ha sido muy renombrado por su galardón en los Music World Charts Europe del 2011, por su carácter étnico pulido y penetrante. ¿Crees que es tu mejor trabajo?

R-  Creo que fue la composición más conceptual en su totalidad y tal vez con un concepto sonoro más cinematográfico, sin perder ese carácter electroacústico.

P-   Sabemos que muchos artistas se quejan de que sus clásicos son demasiado recordados y sus nuevos trabajos sólo sirven para darse a conocer a un público más extenso. Otros, por el contrario, están encantados de que su trabajo pasado siga siempre ligado a su nombre. ¿En cuál de ambos lados te colocarías?

R-  Si estoy en Bélgica y alguien del público me pide una canción en concreto me siento totalmente agasajada porque se que alguien está siguiendo mi carrera desde muy lejos sin influencia mediática, es un honor. Eso no significa que vaya a tocar lo que me piden. Me muevo por la obra en sí, son performativas, si conecta con el público es maravilloso y si no yo tengo que seguir mi camino con modestia y asertiva conmigo misma.

P-   Has abordado el feminismo y la defensa de la mujer en tus letras. ¿Te hace especial ilusión tocar con Garzía –otra gran artista- en el Día Internación de la Mujer?

R-  Me gusta conocer gente y compartir escenario, seguro que el concierto de Garzía va a ser  súper energético e interesante. El tema del feminismo lo llevo abordando en mi vida desde los 11 años, desde que me di cuenta que una no nace mujer si no que se convierte….esto lo dice una de las canciones de SÓS. Hay ciertas acciones que son político-sociales que se reflejan en mi música pero que forman parte de mi vida en general, privada, pública y de acción artística. Lo que estoy defendiendo es que se elimine el género de las personas, la contra sexualidad debería de ser el debate, sin centrarse en la defensa bipolar de la mujer. No sé si estoy en lo cierto, pero el debate interesante me parece ese. Por ejemplo eliminar todo tipo de organización patriarcal como forma de orden social. Con eso defendemos a hombres, mujeres, hermafroditas y todo tipo de singularidad, estructuras monoparentales, matrilineales, etc…

P-   Tu carrera musical está en un buen momento. ¿Crees que el panorama musical español está preparado para asentar estilos de música tan arraigados a lugares concretos de la península?

R-  Toda la música que es original tiene un origen. Da igual Pop  que Rock que de Vanguardia. Me he movido por más de medio mundo con mi música, y he recorrido España por lugares como Valladolid, Salamanca, Cartagena, Sevilla, Barcelona, Oviedo.  He tocado en la Plaza Mayor de Madrid, en la Plaza Mayor de Salamanca, todo tipo de festivales. Yo no lo siento así. Pero lo curioso es que esta pregunta es recurrente en los medios de comunicación, entiendo que el idioma hace sentir una distancia que debe de estar alimentada de tiempos peores que vivió nuestra historia común.

P-   Haces música gallega, pero realmente no se le puede poner una etiqueta común a un estilo tan libre. ¿Te supone esto algún tipo de complicación a la hora de elegir con qué artistas compartir escenario?

R-  Hago música desde Galicia para vosotros, me resulta reduccionista esa etiqueta. Para mi es universalista, contemporánea, preocupada por el entorno singular y global. De acción política, electroacústica, interviniendo con la arquitectura de los lugares, las gentes de países distintos… He compartido escenario con Paty Smith, Manu Chao, recientemente en Polonia con Kapela… Solo me niego a compartir escenario con racistas, machistas o cualquier forma que me tambalee mis pilares éticos.

P-   Sabemos que antes de tu carrera musical en solitario trabajaste con otros artistas ¿Cuál dirías que fue más especial para ti y que más te ayudó a crecer?

R-  Siempre he sido muy solitaria. Lo que más me ha influenciado fue las miles de personas que me dejaron entrar en sus casas que tenían la sabiduría de la transmisión oral y en su poder la verdadera creación colectiva y sistémica de un lugar.

De hecho el primer tema que hice fue “Elelé” para la cabecera de un programa de televisión que estaba dirigiendo porque no encontraba la música adecuada, con la energía telúrica que necesitaba. Tenía mucho contacto con  los “Diplomáticos de monte alto” (Rock Bravú) , con  Xosé Manuel Budiño (con quién colaboré en muchas ocasiones), tenían mucha emoción. Galicia es un lugar lleno de creatividad y fuerza. Pero no me animé a sacar ningún disco hasta que encontré mi propio sonido.

P-   ¿Con qué otros músicos te gustaría colaborar?

R-  Normalmente soy un bicho solitario, autodidacta, sin pretensiones y muy tímida. Siempre me llama la atención cuando alguien quiere que colabore o arregle, o componga algo para otr@s. He trabajado para danza, he hecho la obra “O kiosco das almas perdidas”, “Concerto desconcerto”, “Solo dos”, la banda sonora para “ Liste, pronunciado Lister” de Margarita Ledo o “ Cien Fuegos” . Es muy emocionante trabajar con otras personas y otras disciplinas.

P-   ¿Cómo se proyecta tu carrera musical internacionalmente? ¿Hasta dónde te gustaría que se oyera tu música?

R-  No tengo pretensiones.

P-   Ahora un poco sobre ti misma. ¿Se corresponde la personalidad del día a día de Mercedes Peón con el espíritu que transmite la música que haces?

R-  Mis amigos dicen que sí.

P-   Sabemos que tus letras se basan en tus vivencias y experiencias. ¿Hay alguna canción que sea realmente especial para ti? ¿Alguna historia que se haya visto totalmente reflejada con la música?

R-  Es una pregunta muy complicada de contestar. Creo que la mayor satisfacción que he tenido ha sido cuando bailarines, y creativos quedaron emocionados con mi aportación a sus obras. Es un trabajo de modestia y de sentirse en función de los demás que si están contentos, me llena el alma.

P-   No queríamos dejarnos en el tintero tus inicios. A los diecisiete años estabas recorriéndote Galicia para empaparte de su espíritu. ¿Qué te llevo a lanzarte a esa aventura? ¿Qué sentías en aquella época?

R-  Me pasó lo mismo que con sentir que una no nace…se convierte en MUJER.

Todo lo que me rodeaba era creación colectiva de una cultura maravillosa, hermosa , generosa y armónica con lo que le rodeaba, tierra, naturaleza aire, clima….y sin embargo no se reflejaba en la normalidad de la vida en general, solo estaba reducida al ámbito familiar o local. Con 13 años sin decirle nada a mis padres me fui a 15 kilómetros de A Coruña y me puse a llamar a las puertas de casas de piedra preguntando por canciones, bailes y aquello fue como abrir la caja de Pandora, estuve 20 años con Fernando Martínez (actualmente antropólogo) recorriendo Galicia, montando asociaciones… creo que fuimos unos privilegiados.

P-   Eres una persona que dedica mucho tiempo al arte (espacio sonoro centro coreográfico gallego, BSO para Margarita Ledo) pero en cuanto a la carrera discográfica, ¿podremos disfrutar de algo nuevo pronto?

R-  Estoy trabajando en algo que creo que va a ser para mí una experiencia sonora visual única. En colaboración con Peque Varela estamos diseñando algo que no puedo contar pero que espero lo podáis disfrutar en breve.

La taquilla del viajante (2)


Abrió el viajante su diario durante un viaje en avión, aunque por costumbre prefería viajar pegado a la tierra. En una ciudad que por unos días visitó, un acontecimiento en hielo convirtiole la sangre y, sin embargo, conmoviole el corazón. Esta historia llegó a sus oídos dos puestas de sol después de la noche en que ocurrió y, una vez hubo confirmado su veracidad, abandonó presto la ciudad para no mancillar con nada más el juicio que ahora de ella tenía.

Una joven y dos amigos de ella, de su misma edad y conveniencia, descubrieron, en pleno centro de aquella ciudad, el acceso trasero a un edificio que hacía no mucho, por falta de fondos, clausurado había quedado. Aquella vieja cancela daba a un acceso que por mucho tiempo cerrado había estado, y conducía a través de metálicas escaleras hasta la azotea. Cuando, antes que ellos, otros jóvenes percataronse de este hecho, forzaron la cerradura, y ahora los pocos afortunados conocedores de tal secreto pasadizo saboreaban la noche desde lo alto de aquel edificio.

Subieron una noche los tres jóvenes protagonistas de esta historia, sedientos de sí mismos frente a la empequeñecida ciudad, satinada de luces como un lejano firmamento. Hablaron, rieron y bromearon como el resto de los presentes, bebieron cerveza y tiraron las colillas de sus cigarrillos a la inmensidad de asfalto bajo ellos, y en un instante que a todos parecioles eterno, saltaron al vacío como último gesto.

Antes de morir dejaron, como último legado de su cuarto de siglo vivido, unas últimas palabras de las que serían testigos los presentes. Se alzó el lozano trío sobre la cornisa, y a las veintena de jóvenes pidió silencio y atención. Las palabras de los tres protagonistas deslizaronse por los oídos de los casuales espectadores y enraizaronse como viejos abetos en sus memorias. Fueron referidas a la policía con toda la precisión que el efecto del shock condescendió, y después a todos los fisgones y morbosos que su curiosidad quisieron templar.

El viajante supo de este acontecimiento más por casualidad que por fisgón, oído en una alterada conversación, dos mesas más allá en un restaurante. Al igual que los jóvenes testigos, guardó en su memoria las palabras aquella noche pronunciadas, y tan pronto llegó al hotel en su habitación, las escribió en su diario. Lo que anotó también, que fue para él el quid de este suceso, es que ninguno de los testigos parecía poder dejar de repetir que los tres jóvenes no dejaron un instante de sonreír durante su alegato final, y que en el momento antes del salto, casi podrían asegurar haber visto, por primera vez en sus vidas, el brillo de la verdadera felicidad.

Lo que vosotros llamáis vida no es más
que un laberinto para ratones
Sed testigos de cómo, por un instante,
nos hacemos más libres de lo que vosotros seréis jamás.

La taquilla del viajante (1)


Llegó el viajante a una ciudad en la que quiso vivir durante un tiempo. Todas las mañanas, a una cierta hora, cogía el viajante un autobús para ir a comprar el pan. Salúdole el conductor cada mañana como un amigo más, intercambiando con él de tanto en cuanto historietas y comentarios jocosos, y advirtió el viajante que cada pasajero era tratado de igual manera. El conductor tenía siempre algo que hablar con cada pasajero de aquella línea a aquella hora, que al cabo del tiempo cayó en la cuenta –el viajante- que solían ser los mismos. La fuerza de la costumbre y la rutina, pensó para sí.

  Pareciole al viajante, sin embargo, algo entrañable que apuntar en su diario.
Sucedió que un día coincidieron ambos –viajante y conductor-, aunque en un principio no se vieron, en una modesta cafetería junto a una estación de autobús. Equivocose la camarera en su compás de caminar, y un mal tropiezo llevole a derramar una sgotas de leche sobre la camisa azul del conductor, cliente en tal momento. Estalló éste en una rabia inopinada, y aseverado con su enfado abandonó el establecimiento en un brusco y veloz ademán. Hubiera jurado el viajante que, en su dramática salida, el conductor mirole por un instante, pero saludo no recibió, ni tampoco historieta o comentario por su parte. Apurose el viajante a terminar su café y a salir tras el encolerizado conductor. Siguiole a hurtadillas hasta un supermercado, donde de nuevo el conductor demostró, con su falta de educación y cortesía, que fuera del autobús era –para sorpresa del viajante- todo lo que dentro de él no.

Atónito y en descuadre, tomó el viajante en la mañana siguiente de nuevo el autobús. Y del conductor la empatía y buen hacer fueron latentes como siempre días atrás.

Sorprendiose aún más el viajante, que a poco de abandonar la ciudad, días después de aquel suceso, escuchó una conversación entre el conductor y el que pareciole un compañero. Afirmó el intrigante conductor, encargado de aquella línea a aquella hora, que en el trabajo uno ha de ser brillante y elegante, y nunca dejar en el decaigo el buena talante, pero que como todo humano natural hijo de Dios, que somos todos, hasta el monje peca cuando no lleva uniforme.





Capítulo 1

 GÉNESIS

A mi edad ya sólo puedo decirte
que no hay nada que debas saber.

                En el principio no había nada. Aquellos fueron buenos tiempos.


Prólogo


RAZÓN DE SER

Lo difícil no es ser fuerte,
es reconocer que no lo eres.

                Si te preguntas por la vida, acabas por rendirte. No sabes qué es exactamente ni qué te ha traído a ella. Pero estás aquí y lo acabas aceptando. Lo que sí sabes es que tú eres tu único nexo con ella, y si dejas de existir, dejas de formar parte de ella. Lo único que puedes afirmar es que lo que ves es lo único que conoces, y más allá no sabes lo que hay. Digan lo que digan, hay un paso en nuestra vida, que aparte de darlo involuntariamente, será a ciegas. Esto es importante, porque siempre habrá alguien dispuesto a decirte que hay una vida siguiente, y que es el resultado de ésta.

                Lógicamente, a la hora de cojear no hay muchas opciones, y al final todos ponemos nuestro peso en la búsqueda de estar bien, cargues al lado que cargues. Y así llegaron los filósofos, que somos todos,  dándose cuenta de esto. Como buenos amantes de catalogarlo todo, quisieron darle a este hecho un nombre y una razón. Y así, como un gen inyectado en nuestra naturaleza, nació el concepto de felicidad.

                Y hasta aquí llega la historia de la utilidad de la filosofía. Una vez sabes lo que es un copo de nieve, y aceptas que es único o que difícilmente encontrarás dos iguales, no ves necesario estudiar y clasificar cada uno de ellos. Bajo mi punto de vista, conceptualizar un hecho de incalculable magnitud para nuestra especie es, como poco, un error soberano. Pero ya puestos a ser profundamente tozudos y propensos a repetir siempre los mismos errores, hablaremos de la felicidad.

                He oído a lo largo de mi vida muchas definiciones, estimaciones o ideas acerca de este legendario y codiciado sentimiento. He oído que la felicidad es ser uno con lo que te rodea, verlo todo con optimismo, disfrutar cada momento y amar lo que tienes. Pero más allá, hay quien afirmó que la felicidad es tener buena salud y poseer una memoria selectiva, o ni siquiera tener memoria. Alguno dijo que la felicidad es estar rodeado de los tuyos, aunque otros apuntaban que no sé es feliz si se es dependiente. He llegado a oír que hay que defender a muerte lo que crees para sentirte feliz, o que para ser feliz hay actuar y hablar del mismo modo en que se piensa, y que por supuesto no hay que confundir ser feliz con sentirse feliz. Han llegado incluso a decir que la felicidad reside en la experiencia, y nunca en las posesiones. Y al final, la clave para ser o estar o sentirse feliz es posible que sea tenerlo todo, o nada, o por el contrario ninguna de ambas cosas. 

                Se han expuesto todo tipo de teorías acerca de la felicidad, y cada nueva forma de verla y expresarla que he oído se me ha antojado cada vez menos vinculada con la realidad. Pero lo que resulta más sorprendente, trágico e irónico, es que ni el hombre, ni su historia ni su esperanza se hayan atrevido todavía a aceptar que la felicidad no existe.

                Y es que a partir de este punto, todo es posible.


Esta es la trampa

Esta es la trampa

No hay nada gratuito en el mundo que hemos creado
y ninguno de nosotros está libre de culpa.

Procura llorar. Eso es lo mejor que puedes hacer. Si lloras, eres humano; si lloras, estás excusado.
Si no eres débil, eres un loco.
Esta es la trampa de estar viviendo.
Porque no es normal no ser como todos son, no tener los mismos miedos, no compartir las mismas preocupaciones. Si estás por encima de eso, en realidad estás loco.
Porque no importa que sepas que cada tres segundos muere un niño de hambre. Si te olvidas de felicitar un cumpleaños, no importará que cada día unas 6000 niñas africanas entre 4 y 10 años sufran mutilaciones en sus genitales. Tú eres el jodido villano.
Esta es la trampa de nuestra mente moderna.
Procura llorar al pedir perdón o nadie te perdonará.
Porque las lágrimas muestran tu naturaleza humana, tu imperfección. Haz sentir a los demás que tu imperfección es tan grande como la suya y todos seremos amigos.
El pecado de los listos es creerse más listos que los demás.
El pecado de los fuertes es creer que son fuertes. Pero eres débil, por eso te haces el fuerte. Tu problema es que no quieres aceptarlo. Cobarde.
Procura llorar.
Quién llora es intocable.
Que tus allegados sepan que lloras cada mañana y te dejarán gobernar un país.
Que tu enemigos sepan que lloras cada mañana y te dejarán gobernar el mundo.
No te rías de nuestros métodos. Todo esto lo hacemos por ti. Sabemos cómo eres. Sabemos lo que necesitas. Eres un copo de nieve único e inigualable. Pero eres nieve como nosotros aunque no quieras reconocerlo.
No hay paraíso si no aceptas cuan débil eres.
Reinserción social, libertad vigilada, integración.
No hay paraíso si no lo aceptas.
Te estás haciendo daño. Dame tu mano, déjame guiarte, despojarte de tu escudo. Déjame que te enseñe a vivir como yo vivo, como todos vivimos. Sé uno más de la sociedad. Esto no lo hago por mí, yo no soy egoísta. Tu sí.
Ya lo sabes.
Si no eres débil, eres un loco.
Todas las guerras, muertes e injusticias nos hacen sufrir. Lloramos juntos sentados en el sofá.
¿No lloras?
¡Miralos! ¡Están muriendo! Ven y llora con nosotros. ¿Es que no tienes corazón?
Si algo no te afecta directamente, las lágrimas se llevan la responsabilidad de hacer algo al respecto. La impotencia desaparece.
No te preocupes, tú no puedes hacer nada. Duerme tranquilo.
Sé que hay cosas que no te gustan, que no entiendes, que consideras injustas. Pero no vives tan mal a pesar de eso, ¿no?
Al fin y al cabo, tú no puedes hacer nada. Duerme tranquilo.
Esta es la trampa de nuestra sociedad.
¿Pues definir la tolerancia? ¿Y el pluralismo? Puedes, si puedes imaginar una habitación llena de personas de diferentes etnias, nacionalidades y religiones. Puedes, si hay en ti un hueco para los homosexuales, los transexuales y los travestidos. Puedes, si entiendes que entre gustos y estilos hay sólo colores. Pasa y entiende que todos somos personas, hombres y mujeres, niños y niñas, blancos y negros, listos y tontos. Tú confía en mí, ¿acaso no sé yo más que tú? El diablo sabe más por viejo que por diablo. No importa que no sea esto lo que veas, con esto es con lo que vivirás.  
Llora, tropieza, desespérate y pierde la esperanza de ser único. Entonces podrás pasar.
¿No lloras?
No, lo siento, aún no eres bien recibido, te crees demasiado fuerte. ¿Es que estás loco? Yo no me comportaría así. Yo no haría esto, ni eso, ni aquello. Yo habría hecho esto otro. Eso es lo normal. Es lo que hay que hacer. ¿Qué te pasa? ¿Es qué estás loco?
Esta es la trampa de nuestro tiempo.
No te olvides de llorar.
Pero sonríe.
Tus hijos nacerán y lo tendrán todo hecho. Sólo tendrán que aprender las normas, como hicimos todos. Pueden elegir, son libres, tienen un mundo de posibilidades. Podrán tener todo lo que quieran si siguen nuestro método.
Sé inteligente, sigue nuestro método.
Sigue el ejemplo de tu padre. Cree en lo que él cree. Él ya pasó por tu edad. Pronto olvidarás todas esas tonterías. No sufras demasiado por tus ideales. Son una estupidez. Dame tu mano. Yo te voy a enseñar cómo funciona este juego.
Yo no soy egoísta. Tu sí.
Yo no estoy loco. Tu sí.
 
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